sábado, 14 de marzo de 2009

Dulce hilandera




Tuerce y tuerce el hilo,
Al sol, la lana brilla.

En el portal, al sol,
Su piel morena,
La arrugada
Piel de los huesudos dedos.

No se cansa de rozar
El huso, de rizar madejas
Y madejas,
Mientras calla...

Y pasa el tiempo entre sus manos,
Y pasa el sol sobre la rueca.

Paciente y dulce,
Menuda y silenciosa,
La abuela Nemesia
Teje las horas de su vida,
Sueña las horas de su muerte.

En el portal, al sol,
Sin un quejido,
Sin la mínima protesta...

Tuerce y tuerce el hilo,
Al sol, la lana brilla.

7 comentarios:

Eléonore Geandel dijo...

Poème paisible et touchant. Cette grand-mère, ses doigts usés, sa quenouille, son écheveau, le soleil, et la vie qui s'écoule avec lenteur ont des vertus apaisantes. Oubliées un instant nos existences trépidantes. Quelle détente psychologique la lecture et la relecture de cette très belle poésie.

Candi dijo...

Linda poesía en memoria de la abuela Nemesia.
Con qué agilidad torcía la lana y hacía bailar el huso.
De igual forma movía la aguja del ganchillo, creando esas puntillas de las que disfruto todos los veranos cuando me meto entre las sábanas de hilo.
Gracias Esme por recordar, con tanta sensibilidad y dulzura, esos bonitos momentos.
Besos

Mª Jesús So dijo...

Me acuerdo!

Me acuerdo de tu abuela hilando!

Con huso, no con rueca.

En el porche. Es un recuerdo que había olvidado y me lo has recordado.

Me acuerdo del huso girando como una peonza, y de un gato que no se que tiene que ver con esto.

No lo he soñado, lo he vivido!

ANTOLIN dijo...

Aunque no he tenido el gusto de conocer a tu abuela, si he tenido el gusto de RECORDAR casos similares, gracias a ese toque sencillo y poético que das a una conducta también humilde. Con motivo de ese PASADO, me atrevo a copiarte el siguiente texto de R.M. Rilke:
"Para escribir un solo verso, hay que haber visto muchas ciudades, muchos hombres y muchas cosas; hay que conocer a los animales hay que haber sentido el vuelo de los pájaros y saber qué movimientos hacen las flores al abrirse por la mañana. Hay que tener recuerdo de muchas noches de amor, todas distintas, de gritos de mujer con dolores de parto y parturientas, ligeras, blancas, dormidas, volviéndose a cerrar. Tampoco basta con tener recuerdos. Hay que saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener la inmensa paciencia de esperar a que vuelvan. Pues no sirven los recuerdos. Tienen que convertirse en sangre, mirada, gesto; y cuando ya no tienen nombre, ni se distinguen de nosotros, entonces puede suceder que, en un momento dado , brote de ellos la primera palabra de un verso".

Jesús Sevillano dijo...

Bonito recuerdo de nuestra abuela Nemesia. En aquel portal siempre vivo, en calma, (a veces rota por el bullicio de todos nostros niños)Nunca se irritaba, cuánto nos consentía, cómo nos cuidaba...Cuanto nos quería. Gracias Esme por hacernos recordar con esa sensibilidad especial tuya.
Un abrazo

Maria Jesús dijo...

Bonita poesia, me ha encantado, por lo tierna, y realista que es...

Esmeralda Martí dijo...

Pues sí, amigos. La abuela Nemesia era sencilla, tranquila, callada, tierna, apacible, laboriosa... Se merecía mi homenaje: madre de cinco hijas en aquellos tiempos de dificultades... consiguió tener y mantener una familia unida, hermanas que se compenetran, nietos que se relacionan, se juntan, comparten buenos y malos momentos...
Besos a todos