sábado 28 de noviembre de 2009

Me están dictando cosas

(Imagen cedida por Daniel, fotógrafo)


En los días líquenes que aparecen por octubre
me paro a pensar en tus rodillas,
en aquellos promontorios anisados que tantas veces
se plegaron e inclinaron con recato.

Pienso así, en las tardes sin golondrinas,
en las muecas de tu cara
obediente y casi niña,
en la niña que eras en la tarde liquen.

Asumías tus errores desde entonces:
sangre y pluma,
lágrimas por deslices de aquel tiempo de hojas
putrefactas
de musgo adosado a la piedra-escuela

Y escribías palabras sin papel
en orificios clavados en las sienes
redimiendo penas
redimiendo los deslices
en las tardes líquenes de octubre

en las ramas del pupitre, en el sol
jugando al escondite, en el tintero
una palabra se desliza

y la tinta se vuelve margarita
flotan sus hojas en el mar azul que se eterniza
en el pozo blanco

y resbalan las palabras una a una
en cadenas o cirios
en filas de hormiguero o en candil que no se apaga
las palabras al dictado
pobres letras directas a tus venas castigadas
en las tardes líquenes de octubre

y se agota el papel
pero escribes en el techo-barcarola
en el rincón
por donde pasa, a cada hora,
un ave peregrina que ha perdido el rumbo establecido.





sábado 21 de noviembre de 2009

Adios princesa


A las siete
se pararon para siempre los relojes,
silenciaron sus arrítmicos latidos,
situaron los planetas boca abajo...

En las calles de mi barrio,
en el dulce respirar de los noviembres,
se pararon para siempre los relojes.
Quedaron sepultadas tantas horas
tantos sueños
tantos besos ...

En las calles
se extiende una lágrima que chupa los cristales.
En las calles enlazadas,
lento caminar en las calles,
en los besos.
Se quedaron sin tiempo aquellos besos

Obligados a guardar bajo la piel
su conmoción,
el ebrio recorrido de agitado río.

A las siete
la última palabra agitaba el mecanismo,
una palanca paraliza...
Se pararon de por vida los relojes.

Y mataron los silencios y los rezos
para siempre.




martes 17 de noviembre de 2009

El sastre del otoño

(Imagen cedida por J. Obeso Glez)



EL SASTRE DEL OTOÑO

Sucede, casi siempre, de repente.
Te levantas y está,
circuncisión de los espejos,
último rayo de septiembre seductor,
el sastre, el cirujano de las horas
faenando los hilos amarillos de los aires.
Descienden lentamente aplausos,
- rítmicas emociones en los cielos de octubre -
cosquilleos rojizos que acarician,
hábil mueca de vientos que estrujan,
crujen, tapizan el verdor
con tristes besos.
Tristes horas, tristes suelos.
El sastre del otoño trabaja los retales,
enhebra las laderas,
perfila los viñedos
y los chopos – miradores de pájaros sencillos –.
Mientras amanece con rizos la tierra,
pasa una esponja su lengua
en los caminos,
en los castaños
y se chupa las mieles, los zumos,
el sastre viejo del otoño,
el viejo violinista de las calles
que van tomando olor a humo,
olor a cáscara, a rito en la cocina,
el viejo sastre, el viejo amigo,
el tejedor de cobres ramas.

(Imagen cedida por J. Obeso Glez)




domingo 8 de noviembre de 2009

CARPE DIEM

(Imagen tomada de la página:http://emptyeasel.com/wp-content/uploads/2007/02/carpe-diem-by-nanoo-g.jpg)


El espejo sufre si te asomas a sus alas plateadas.
Sudan las aristas del mundo abierto al frente.
El paladar de agua se queda congelado a tus espaldas.

Te asomas a ese mar y te conviertes en jinete
que escapa
de los brillos azules cuando escalas las caderas sustanciosas
de sus olas.
Huyes de la paz de los relojes. Es octubre en los tejados.

Caminas por una tierra de retratos movedizos.
Esa calva claridad
que todo lo estremece cuando guiña sin piedad el pálpito del mundo
te va engañando. Piensas que es muy tarde

Y te bebes las espumas que giran en las lenguas
de los matorrales secretos. El espejo te conduce
sin piedad a las verdades, que son cunas

o amuletos y sarcófagos etruscos. Nadie miente
en esta tierra de áridos caminos
Polvo somos. Ni el corazón se acoge a la benevolencia
de los dioses. El espejo te concede
la costumbre de soñar la glándula que idolatras.

Y luego te envuelve en humo, te maquilla con fuego
y nunca más te engalana de puntillas transparentes.

Es ceniza esta mañana y esta hora en que escribes
y la noche que te ampara de lobos solitarios.
Es ceniza la pradera en que te mueves. Planta cara
a las antorchas.

Sé del viento, sé del minuto que te acordona.
Sé del agua y de las velas. Dile que aprendes a vivir
en este tiempo que se construye a base de caricias.
Es octubre en los tejados
para siempre octubre en los espejos que no mueren
ni encenizan la calma de mis labios sin prisa de arrugarse.






domingo 1 de noviembre de 2009

Espejo roto

(Imagen tomada de la página:http://lazonafotica.wordpress.com/2008/09/page/3/)

Nada somos
Un espejo que se rompe en mil pedazos
Manuela es mil manuelas,
Es decir, nada,
Un espejo en trozos,
Un troceado espejo
Que no tiene música
Que no llora
Que espanta a la belleza
A la única sonrisa que tus labios regalan
Nada somos
O somos el laboratorio del aire
La nuca que se impregna de tu aliento
La nuca
El aliento
El aire que nos lleva
El aire que rompe el espejo
Que rompe en mil la mirada incierta
Mil miradas
Manuela se rompe
Un espejo roto
Mil pedazos de nada
Y el aire que te sopla la nuca
El aliento que lleva el aire
Hasta el aire
Roto
Un espejo roto
Nada
No somos nada.

domingo 25 de octubre de 2009

Cuatro buitres (Las Merchanas)

Fotos tomadas el mes de agosto en el castro de Las Merchanas (Lumbrales)

Me siento bien:

A gusto entre los robles
pisando sus hojas pardas
alfombras marrones en la sombra...

He paseado por la ruta milenaria
abrigada por los siglos que no mueren
vetona
romana
cerralbeña de campo
de sequía
luz de agosto entre las venas
piedra
roquedal
ortiga
zarajuelles y ciacina

el molino junto al río

la lana en la cabaña

Me siento bien entre los surcos muertos
piedras hincadas
desmemoriando la edad de los retoños

Cuatro buitres
danzan
espían en lo alto
se alimentan de la oveja enferma.

Silencio en las Merchanas
porque nada más existe
el lagarto y yo

las tumbas de los míos en la tierra ocre

cuatro buitres
devorando el azul
cuatro buitres leonados
y ya.
En un puño mil años
y silencio.



Buitres de la reserva de Saldeana






Imagen del castro celta

Piedras hincadas


lunes 19 de octubre de 2009

Tened piedad

(La vendimia. Goya)

Tened piedad con los parrales tristes

con la triste soledad de los parrales

condenados al calor del lagar

y la vendimia.

Tened piedad: sus pobres hojas

sus hojas rojas sin piedad aniquiladas

mientras la sangre se arrastra

surco abajo

se arrastra hasta las gargantas

que no sacian la sed

en la taberna de los días somnolientos

de las noches de llanto interminable.

Tened piedad: las uvas sustanciosas

las repletas uvas de azúcar

son tan dulces

medicina de los hombres solos

tan dulces para los olvidos

las uvas

la parra

las hojas

que se vencen se entregan se convencen

y abandonan

a su paladar de triste hombre

pobre hombre solo y triste pobre

en la vendimia de la vida.

Tened piedad

la manzana y la uva maduran

en la ladera maduran y regalan sus encantos

Es octubre

la tijera se prepara

la soledad es una fuente inagotable

esa soledad tan terca tan sedienta de zumos

tan necesitada de néctares

Tened piedad de los sedientos

y perdonadles parral manzana o uva

los pecados de sus huesos

Tened piedad

Tened piedad

Tened piedad

sus pobres soledades...